martes, 9 de septiembre de 2014

Canta otra vez "Lemon" para mí

Año 93, mi vida transcurría entre libros y asignaturas que mi cerebro no era capaz de asimilar. Mis horas pasaban despacio en aquella aula con ventanas al patio y sus consecuentes distracciones con la clase de gimnasia. Éramos un alumnado variadito y variopinto, la verdad sea dicha. Ya se cuidaban mucho de dividir al alumnado según sus capacidades y a los que estábamos “sin etiquetar” nos mezclaban y ¡gualá! una  clase no apta para cardíacos.

Imagen de yasalud.com
Siempre hay alguien que añade un poco de limón a tu vida y allí estaba él, guapo, guapo de los que duele mirar, moreno, estatura media, ojos castaños y vivos, cabello color chocolate y una voz de las más sexys que he escuchado nunca ( algo parecida a la de Jorge Sanz). Yo como siempre sosa, sosa y más tímida si cabe.

Maniobras del destino nos sentábamos cerca, cerquísima y él que era muy majo entre cambio y cambio de asignatura me deleitaba cantando en inglés, puesta en escena incluida.

Recuerdo con cariño Lemon de U2, así fue como conocí al grupo. Él y su inseparable compi me cantaban el principio de la canción con el "ah-ah-ah" incluido con el que Bono empezaba.



Ah…
Ah-ah-ah
Ah…
Ah-ah-ah
Lemon, see through in the sunlight
She wore lemon,
But never in the daylight




!Ains, qué recuerdos!

Ayer me acordé de aquel chico, que probablemente si no hubiese sido por mi timidez seguramente sería hoy mi amigo, siempre me llenó de halagos y yo, pues…como me suele pasar, muerta de vergüenza. ¡Ay, la adolescencia y las inseguridades!

Canta otra vez Lemon que yo te escucho…

miércoles, 27 de agosto de 2014

El suavizante de mi abuela

Cierro los ojos y puedo verla, sentirla, es mi abuela. Sus ojos verde-grises tan particulares me miran desde la puerta de entrada a su piso. Evoco a mi abuela a través de los diferentes olores y aromas que quedaron impregnados en mi mente, lo hago desde cada rincón de la casa en la que vivió.
Así era ella , magnifica cocinera , paciente con sus guisos. Se me escapa un suspiro al pensar en aquel puchero tan delicioso que preparaba, puedo ver el caldo como plácidamente humea desde la mesa, y ahora desde la cocina veo como nos sirve de una fuente repleta de garbanzos, carlotas, patatas, pencas, carne…
Puedo sentir el sabor especial de aquel caldo (único e inimitable) a través del aroma que desprendía. Se amontonan diferentes platos en mi cabeza, huelo a huevos fritos y patatas, a cachopo, saboreo su arroz al horno, me sirvo un platito de paella y me pongo un vaso de naranjada.
En pocos pasos he llegado al patio, un pequeño jardín en medio de tanto ladrillo. Antes he pasado por el baño y me he embriagado con el agua de colonia, de aroma fresco y suave.
La puedo ver en el patio entre sus geranios, claveles, dracenas…quitando cuidadosamente las hojas secas, algo que me he dado cuenta que también hago yo de manera inconsciente. Ella tenía un don para las plantas, a su lado les esperaban unos años de mimos y delicados cuidados.
aromas by Abril Stork
Vuelvo a cerrar los ojos, estoy oliendo un suavizante (de los que no compro normalmente) y se me eriza la piel. Inspiro de nuevo ese evocador aroma y me traslado a su florido jardín. La ropa se bate de lado a lado en un pequeño cordel y puedo ver a mi abuela descolgando la ropa y hablando conmigo. Seguramente me dirá: “ ̶ No patisques, deixa la roba damunt del llit i anem a dinar i després el cul a la cadira i els plats ja els netejarem més tard”(“ ̶ No padezcas, deja la ropa encima de la cama y vamos a comer y después el culo a la silla y los platos ya los limpiaremos más tarde”). Después de la sesión “cul a la cadira” no faltaba un buen tazón de café con leche, si se terciaba algún trozo de coca dulce también caía.

nubes by Abril Stork
Me invade la tristeza, vuelvo inspirar de la botella de suavizante; miro mi patio, alguna de sus plantas que conservo y la ropa tendida. Enjuago las lágrimas entre mis dedos y sonrío. He encontrado el suavizante de mi abuela y ahora estoy un poco más cerca de ella. Siento tristeza por quizá no habernos conocido del todo bien, pero me siento feliz porque con el paso de los años he logrado entenderla mejor.
Me despido "iaia", queriéndote y recordándote siempre entre esos aromas que me acarician y me llevan a ti.
Y te doy las gracias por esa madre tan maravillosa que me disteis tú y mi abuelo.

sábado, 23 de agosto de 2014

Despedidas y cafés en la recámara

En este bullicio del siglo XXI entrarán muchas personas en tu vida que no se quedarán en ella. A veces nos separan sucesos trágicos o traumáticos como un enfado, una ruptura o una inesperada muerte. Otras veces sucede que se cruzan nuestros caminos,
Como se cruzan las carreteraspara después volver a separarse,se cruzaron tu vida y la mía;dardos hacia la diana de nuestra lotería.
Un filón de suertes que se mezclan.

¿Por qué se cruzan las vidas que se tocany luego vuelven a separarse?

Alquimia en el laboratorio Kosmos del doctor Noestamossolos.
 
Manolo García, Por respirar
Son personas que cohabitan un tiempo en nuestra existencia y a las que después debemos dejar marchar, y así es, se cierra un ciclo y se abre otro. Siempre queremos pensar que es posible mantener un contacto pero a veces la realidad es más complicada de lo que imaginamos o intuimos. 
Los días pasan,te acostumbras a su presencia y empiezas a reconocer en su voz, su mirada y sus pausas pequeños detalles de su personalidad, te gusta su cercanía. Llámalo aprecio, cariño, admiración, no sé...
Ya forma parte de tu partido a partido, pero sabes que la liga no dura eternamente y pronto llegará la despedida.
Y llegado el día, la incertidumbre te invade ¿qué le digo? : -"Bueno, ya nos veremos". -"Hasta la próxima". -"Suerte, cuídate". Y ¡zas! se adelanta al discurso que tenías preparado, te deja con la boca abierta (se despiden con algo bonito, lo dejaré ahí) ¡y ala! se queda todo en un "to be continued...". 
Vale, lo dejáis en un punto y seguido. Y luego viene la parte de las promesas vanas, los cafés que sabes que
Despedidas, by Abril Stork
no tomaréis porque se quedarán en la recámara y las conversaciones que se quedarán en simples mensajes de texto. 
Leído así suena extraño, ¿verdad? quizás "el tomar un café y conversar" no significa lo mismo para mí que para otra persona, no lo sé. 
Al final es lo que pasa, siempre hacemos promesas que no cumplimos. Si me hubiese tomado todos esos cafés que quedamos en tomarnos probablemente podría pasarme un año entero sin dormir.
Y al final con la distancia que trae el paso de los días, te das cuenta de los inspiradoras y buenas que fueron aquellas personas en tu vida, aunque inevitablemente las eches de menos.